23 marzo 2017 Fútbol

Jake-Livermore
La noche del 22 de marzo será muy difícil de olvidar para Lukas Podolski. El obseso futbolístico en el que se ha convertido el aficionado medio tras la exposición a altas dosis de diversas competiciones de clubes todos los días ve como estas fechas llamadas FIFA crean insoportables vacíos solo soportables con el consumo de algún Bosnia – Islandia de fase de clasificación o, peor, uno de esos amistosos rimbombantes que, en este caso, sirven para despedir a algún mito al borde de la retirada.

Así, muchos se postraron ante el televisor para ver como el Signal Iduna Park despedía del fútbol internacional a Podolski en un interesante encuentro contra la renovada Inglaterra de Southgate. El partido lo ganó la Mannchaft con golazo incluido del homenajeado, con todos los flashes y titulares enfocando al mítico ex del Arsenal y el Colonia, pero si algo dejará el encuentro es que anoche, si, anoche, jugó con el 7 de la selección inglesa Jake Livermore, el hombre que venció a tres leones.

Algunos recordarán a aquel ambivalente central-mediocentro que se crió en la academia del Tottenham hace unos años. Siguiendo la línea argumental de cualquier historia futbolística, el joven Livermore encadenaba cesiones a equipos de divisiones inferiores como parte de su etapa de formación. MK Dons primero, Crewe Alexandra en un paso fugaz con lesión de por medio, Derby County y Peterborough United fueron las elásticas que vistió el mediocentro antes de que la oportunidad de volver a un Tottenham lleno de bajas apareciera ante su puerta.

Livermore debutó en la Premier League en el Brittania Stadium como sustituto tardío en un encuentro de los Spurs contra el Stoke debido a las múltiples bajas del conjunto del norte de Londrés pero pronto volvería a salir cedido al Ipswich Town y al Leeds United. A pesar de todo Jake jugó 36 partidos con la camiseta del Tottenham, la mayoría de ellos durante la temporada 2011-2012, generalmente como suplente y consiguió ser llamado para debutar con la selección inglesa en un amistoso frente a Italia.

Acabó siendo Steve Bruce y su Hull City recién ascendido los que acogieran finalmente al trabajador mediocampista. Junto con otro ex de White Hart Lane, Tom Huddlestone, formó un centro del campo sorpresivo que no solo certificó la permanencia de los tigers en la Premier, sino que acabó llevando a tal modesto equipo a toda una final de la FA Cup en mayo de 2014.
En Wembley esperaba un Arsenal inmerso en la crisis de resultados que ha marcado la segunda etapa de Arsene Wenger que veía en la FA Cup una ocasión inmejorable para salvar otra decepcionante temporada. No podría empezar mejor para el Hull cuando en el minuto 4 James Chester aprovechaba un rechace en un saque de esquina para colocar el 1-0 en el electrónico, y la euforia se hacía incontrolable cuando solo un par de minutos después Curtis Davies recogía un balón muerto tras parada de Fabianski para elevar la ventaja a dos tantos. Santi Cazorla anotaría de falta el 2-1 en el minuto 17 pero el Hull aguantaría una hora entera por delante, hasta que Koscielny empataba jugándose la pierna a 20 minutos del final.

La crueldad deportiva golpearía sin piedad al cuadro dirigido por Bruce cuando Aaron Ramsey colaba un disparo de rabia en las redes contrarias. El Arsenal se proclamaría campeón y el camino del Hull transcurriría por sendas muy diferentes. El Hull competía durante la siguiente temporada por objetivos muy lejanos a conseguir un título como es el intentar eludir el descenso cuando, exactamente un año después de pisar el césped de Wembley, Livermore daba positivo por consumo de cocaína en un test antidopping.

La prensa pronto se haría eco del escándalo y la FA aplicaría la normativa para sancionar con dos años de suspensión al mediocentro, mientras el Hull certificaba su descenso en un empate sin goles contra el Manchester United tan solo una semana después. Los juicios de opinión y los tabloides tenían un objetivo muy fácil en Livermore: Joven, famoso, millonario, uno de esos jugadores que en cuanto consigue algo de éxito profesional pierde la cabeza y dedica demasiado tiempo a las fiestas, otro juguete roto.
Sin embargo, la historia tomaría otro color cuando Steve Bruce hacía público, en un intento de reducir la sanción a su jugador, que el consumo de cocaína no se correspondía a un carácter díscolo sino al padecimiento de una profunda depresión. Y es que, un año atrás, pocos días después de la derrota en la final de la FA Cup, el hijo de Jake Livermore fallecía durante el parto en lo que luego sería considerado un “error médico evitable”.

“Me encontraba a mi mismo poniendo cara de tipo duro en los entrenamientos, en la cafetería, en los viajes, intentando ser alguien que no eres y mostrando emociones que no sientes porque tan pronto como cruzas la puerta de casa te conviertes en el hombre destrozado que en realidad eres” contaba Livermore al Daily Mail hace ya casi un año. “Para mi, fue un alivio. El hecho de que fuera una droga era irrelevante, podría haber sido una pistola, un accidente de coche…el botón de autodestrucción activado era el verdadero problema”.

La FA actuó de oficio y consideró que las circustancias eran suficientemente graves como para reducir la sanción y permitir al jugador entrenar con el club, y ese mismo septiembre el jugador volvía a encontrarse disponible. “No estuve disfrutando de la vida ni del fútbol durante un largo periodo de tiempo, pero ahora estoy de vuelta y se siente como estar en casa, en el mejor lugar posible. Esta es mi oportunidad para devolver todo lo que me ha dado este club y ¿qué mejor manera que conseguirlo con un ascenso a la Premier League” comentaba el jugador. Dos años después de la final contra el Arsenal, Livermore volvería a Wembley para vestirse con el naranja y negro del Hull City en la victoria por 1-0 frente al Sheffield Wednesday que llevaría de vuelta a los tigers a la máxima división inglesa. En las gradas del mítico estadio londinense se congregaron más de 70.000 espectadores que vieron al mediocentro disputar los 90 minutos, entre ellos Danielle, su pareja, y Jayce, que con tan solo un par de meses volvía a colmar de alegría la vida de sus padres.

Con los graves problemas económicos del Hull, Livermore hubo de empacar las maletas en dirección al West Bromwich Albion en enero de este año, siendo titular en la mayoría de encuentros desde entonces rindiendo a un nivel que no ha pasado desapercibido para Gareth Southgate.
Y es que anoche, en la fría ciudad de Dortmund, Jake Livermore jugó al fútbol.

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