5 octubre 2016 Fútbol

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Ni la falta de Messi, ni las rotaciones exageradas de Luis Enrique en un campo complicado ni el exceso de atrevimiento de Ter Stegen en el cuarto gol del Celta, a juicio del que escribe el desastre del Barcelona en Balaídos se debe a la consecución del peor partido de Sergi Busquets en bastante tiempo.

Y es que cuando uno repasa el vídeo en busca de la concatenación de desastres tácticos que llevan a que un trasatlántico como el Barça encalle en Vigo se da cuenta de que el cuadro catalán estuvo bien puesto en el terreno de juego, al menos en el inicio. Berizzo colocó a Radoja y Wass en la medular para muscular el centro del campo pero la voracidad de balón de las dos líneas ofensivas del Barça llevaba a un sinfín de robos que se traducían en un temprano acoso a la portería de Sergio.

Con el centro del campo teñido de blaugrana, el técnico argentino planteó los ataques del Celta a través de los laterales y permutó las posiciones de Wass y Pablo Hernández en busca de mejor salida de balón y mayor presión para evitar ataques desde atrás del Barcelona. El desembotellamiento del campo del Celta estiró a los gallegos, consiguiendo sobrevivir a unos primeros 15 minutos donde costaba creer que no hubiera llegado el gol visitante.
Sin embargo, el desmoronamiento del equipo de Luís Enrique llegó con un resbalón de Busquets al cuarto de hora del encuentro.

Debe sonar al lector excesivamente forzoso establecer un análisis comenzando por un tropiezo, pero es que la excelencia de Busquets ha sido tal durante estos años que en cuanto el 5 del Barça tiene un mal día toda la arquitectura se viene abajo. La confianza hacia el medio catalán se ha hecho tan palpable que Luis Enrique le entrega y al mismo tiempo desnuda el medio campo culé cuando lo erige como único pilar de contención.
André Gomes nunca estuvo participante en la elaboración de juego y tanto Arda como Rafinha, que intercambiaron posiciones en múltiples ocasiones, estaban más interesados en sumarse al ataque que en ofrecer toque y desahogo al de Sabadell. 99 de 100 veces al Barça le vale con poner dos jornaleros en los interiores porque es tal la capacidad como cinco argentino que tiene Busquets que hasta al técnico asturiano se le ha olvidado contar con la probabilidad de que tenga un mal día.
Y es que en Vigo Busi fue más humano que nunca.

Tampoco se ha de ser dogmático en el análisis, debe entregársele a Berizzo el crédito merecido por la victoria, ya que la marca intercambiable de Wass y Hernández sobre el creador del Barça terminó por desarbolar a la escuadra catalana.
La solución de Luis Enrique fue su propia perdición, puesto que adelantó líneas en busca de oxigenar la salida del balón evitando el embrollo que se producía cuando Busquets se insertaba entre los centrales. Como vemos en la imagen, con Sergio adelantando su posición 10 metros los centrales tocaban con mayor comodidad y el Barça colocaba 8 jugadores en campo rival, pero cuando en frente se tiene a dos puñales como Pione Sisto y Bongonda el 50% de posibilidades de que la moneda salga cruz da más miedo.

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El Barcelona comenzó entonces a golpearse contra el frontón celeste con Arda y André Gomes obcecados en conectar rápido con los puntas. Para colmo llegaba el gol de Pione Sisto en un mal pase de Ter Stegen a un Busquets falto de intensidad y que acabó por hundirse. Para muestra un botón, donde vemos otra dejadez a la hora de atacar la pelota, permitiendo una contra peligrosa que podía haber acabado con el segundo tanto si Aspas hubiera afinado puntería.

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También se debe incidir en la sangrante falta de soluciones desde la banda, posibilitando que los de Berizzo llegasen siempre con superioridad numérica en sus ataques. Así, se juntaron el hambre y las ganas de comer y con el tercer fallo de Busquets Aspas se encontraba con solo Piqué como obstáculo para anotar el 2-0.

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Y siguiendo las leyes de Murphy llegaba el tercer gol gallego ante la pasividad de un Busi abrumado por las circustancias e incapaz de cerrar el carril central para que Wass diera una magistral asistencia a Aspas.

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Puede parecer que se está haciendo una excesiva carniceria de la figura del 5 del Barcelona pero nada más lejos, ya que en el fútbol el error del jugador es lo normal, aunque no se nos tenga acostumbrados en la figura de Busquets. El aficionado del Barça debe pedir explicaciones en todo caso a un Luis Enrique blando e incapaz de tomar el control de un partido que se le vino encima en 15 minutos.

No fue hasta la salida de Iniesta en la segunda parte por un inexistente Rafinha que el Barça volvió a ser lo que se le presupone. Con el manchego en el campo Busquets tenía a un asentador de posesión suficientemente válido a menos de 20 metros, algo que no se pudo ver en todo el primer tiempo. Sin embargo y a pesar de heroicidades de Gerard Piqué mucho había que remar para un equipo que sin B es menos Barça.

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