30 octubre 2015 Baloncesto

Wallace y Billups ya son dos leyendas de los Detroit Pistons

El ‘2’ por Chuck Daily y los dos anillos que ganó, el ‘4’ de Joe Dumars, el ’10’ de Dennis Rodman, el ’11 de Isiah Thomas, el ’15’ de Vinnie Johnson, el ’16’ de Bob Lanier, el ’21’ de Dave Bing y el ’40’ de Bil Laimbeer. Estos son los números retirados a lo largo de su historia por los Detroit Pistons, una lista a la que próximamente se unirán dos números más: el ‘1’ y el ‘3’.

La mítica franquicia de los Pistons ha anunciado que, próximamente y en días separados, retirará los dorsales que lucieron Chancey Billups y Ben Wallace. Estos dos jugadores, que ya forman parte de forma oficiosa de la leyenda del equipo de Detroit fueron importantes partícipes del título que conquistó el equipo en 2004 y de las grandes temporadas que se dieron antes y después. Cada uno, a su manera.

Chancey Billups, el dorsal ‘1’, era el cerebro de esos Detroit Pistons. Después de una errática trayectoria que lo llevó a jugar en cuatro equipos en sus primeros años, Billups llegó a Detroit como agente libre y por primera vez alcanzó un nivel de juego superlativo. Así, en su segunda temporada fue elegido como el MVP de las Finales con 21 puntos y 5 asistencias de promedio, líder absoluto de aquel equipo campeón.

Billups no bajó el nivel en sus siguientes años en Detroit, incluso llegó a mejorar su estadística para convertirse en un fijo en los All Star, pero el equipo no pudo repetir anillo, quedándose por tres años consecutivos en la Final de Conferencia. Fue traspasado a Denver en 2008 y, después de jugar en los Nuggets, en New York y en los Clippers, regresó a Detroit para ofrecer su último servicio en su última temporada como profesional.

Si Billups era el cerebro, Ben Wallace, con su dorsal ‘3’, era el corazón de esos Pistons campeones, un chico que pasó por una infancia difícil y que se entregaba como pocos al deporte. El pívot no tuvo unos inicios fáciles porque no fue drafteado y rodó de equipo en equipo, de banquillo en banquillo. Su vida cambió verdaderamente al llegar a Detroit, donde pasó a ser el mejor defensor de la liga.

Wallace era un jugador que prácticamente sólo sabía jugar a un lado de la cancha, pero su influencia era tal que merecía la pena correr el riesgo. No había rebote que se le escapara y entrar en la zona suponía un riesgo importante de llevarse un tapón. Coleccionó cuatro premios al mejor defensor y fue cuatro veces All Star antes de salir de Detroit, a donde volvería también para sus últimos años en la liga.

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