25 marzo 2008 Fútbol, Noticias, Opinión

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Unas cien personas, la mayoría niños, esperaban la llegada de varios jugadores de la selección española de fútbol al hotel de concentración en Elche. Llevaban mucho tiempo, algunos dos horas, esperando por un autógrafo o una fotografía de sus ídolos. ¿Cuál fue la respuesta? Pues entrar por la puerta de atrás del hotel sin acercarse a darle una alegría a los más pequeños.

Mal vamos así. No se de quien partió la orden de que los jugadores entraran por la puerta de atrás, como si se avergonzaran o huyeran de algo o alguien, para dar esquinazo a los jóvenes aficionados, pero, para mi, es indignante. Creo que no cuesta tanto esfuerzo a los jugadores de España acercarse a firmarle autógrafos o sacarse unas fotos con unos aficionados, como podían ser ellos hace diez o doce años. Es más, debería ser obligatorio, estar incluído en su sueldo, acercarse a los aficionados y cumplirle sus ilusiones a unos chiquillos.

Nadie debe olvidar que si es famoso y millonario es debido a esa afición que los sigue y los apoya incondicionalmente. Si esas personas no siguieran los partidos por televisión, no comprara equipaciones o no siguiera la prensa deportiva se les acabaría o reduciría sensiblemente su status actual. No es mucho pedir que, de vez en cuando, se acerquen a ellos.

Pero bueno, todos hemos visto como las “estrellas” suelen pasar de largo ante sus jóvenes aficionados con sus gafas de sol, su teléfono móvil o sus cascos en las orejas ignorándolos. Alguien tendría que darles un toque de atención y enseñarles que no son dioses, ni siquiera personas excepcionales y que un poco de humildad y cercanía a las personas no está de más.

Quizás lo de ayer en Elche no haya sido culpa de los jugadores, pero seguramente ellos también se sienten cómodos teniendo la disculpa de que no fue cosa de ellos, que sólo hacen lo que les mandan. Supongo, espero y deseo que no todos piensen así y que a partir de ahora se cuiden más estos pequeños, pero importantísimos, detalles hacia los aficionados y, sobre todo, hacia los más jóvenes, porque todos hemos sido niños y teníamos esas mismas ilusiones.

Vía | Levante-Emv

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