23 diciembre 2014 Fútbol

Marcelinho Carioca

Temporada 97/98. Aterriza en la capital del Turia un pequeño pero eléctrico jugador brasileño llamado Marcelo Pereira Surcin, más conocido como Marcelinho Carioca. Su desembarco en Valencia fue motivo de esperanza para la siempre exigente afición ché, deseosa de contar con un jugador diferente por el que mereciese pagar una entrada. Los seguidores veían en él la guinda del pastel que había estado cocinando el entonces entrenador Jorge Valdano. Sin embargo, la destitución de éste trajo consigo el ostracismo al que se vio sometido por parte del italiano Ranieri, totalmente contrarios a la hora de entender el juego.

A pesar de su efímero paso por el club de Mestalla, la afición todavía lo recuerda con cariño y se pregunta el por qué de su pronta desaparición.Antes de su llegada a España destacó en el Corinthians, equipo con el que rindió a un gran nivel durante 3 temporadas que precipitaron su fichaje por el Valencia a cambio de 1.200 millones de las antiguas pesetas. Fue en esa época cuando alcanzó su apogeo como futbolista y muchos pensaban en él como una de las figuras emergentes del fútbol carioca. Sin embargo nunca confirmó las expectativas generadas y su carrera siempre fue dando tumbos de un sitio a otro sin terminar de afianzarse.

Después de media temporada siendo más noticia por temas extradeportivos que por los puramente deportivos, dejó la disciplina valencianista para regresar al equipo donde había cosechado sus mayores éxitos, el Corinthians. Pero esta vez no le fueron bien las cosas, ya que “pie de ángel”, como se le conocía, no pudo alejarse de su fama de jugador conflictivo y terminó muy mal con el club de sus amores, probando suerte inmediatamente después en otro equipo paulista, el Santos, donde tampoco le acompañó la fortuna. Parecía inminente el declive de este jugador “especial”, lleno de talento e improvisación y con ese duende que sólo los más afortunados tienen..

Nunca se afianzó en un equipo salvo en su primera etapa con el Corinthias.Con este panorama, el centrocampista decidió convertirse en un trotamundos del fútbol recorriendo exóticos lugares, empezando por Japón y siguiendo por Oriente Medio, para jugar otra vez en Europa en las filas del Ajaccio francés, donde tampoco se consolidó  y no tuvo más remedio que volver a Brasil, sin llegar nunca al nivel que alcanzó y que le dio a conocer. Pasó con más pena que gloria por equipos de su país hasta que  se retiró en el Sant André  a finales de 2009. Esos últimos años despertaron en él una nueva afición que ya algún otro jugador canarinho había tenido y otros han seguido, estando inmerso en la política de un país donde la corrupción y la desigualdad están a la orden del día.

A pesar de no rendir nunca como de él se esperaba, es uno de esos jugadores que calan hondo en los aficionados, deseosos de ver algo diferente (un control, un regate, un destello) que alguien como Marcelinho podía proporcionarles. No terminó de explotar este mago del balón que aún se mantiene en la memoria de los más nostálgicos de este deporte.

 

 

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