3 marzo 2008 Fútbol, Noticias, Opinión

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El entrenador que llevó al Deportivo a las cotas más altas de su historia se ha rendido en el Zaragoza. Después de seis partidos dirigiendo a los maños las cuatro derrotas consecutivas han colmado su paciencia y ha dicho adiós.

Algo tiene que pasar en ese club y en ese vestuario para que ocurra lo de esta temporada. Los blanquillos venían de la mano de Víctor Fernández de realizar una gran temporada consiguiendo la clasificación para la Copa de la Uefa realizando un fútbol vistoso y efectivo, la directiva pregonaba para esta temporada que aspiraba a entrar en Champions, se vivían momentos de euforia en la capital maña. De la noche a la mañana todo se vino abajo. El equipo fue eliminado rápidamente de la Copa de la Uefa por el Aris de Salónica en la primera ronda, mientras que en liga comenzaron flojos y no consiguieron levantar la cabeza en ningún momento, al contrario, cada vez se hunden más y esta racha de cuatro derrotas consecutivas los coloca al borde mismo del abismo, volviendo el fantasma de la temporada 2001-02 cuando dieron con sus huesos en segunda.

Las bajas de Milito, fichado por el Barça, y de Piqué que volvió al Manchester United fueron más importantes de lo que se preveía, las altas de Ayala y Pavón no consiguieron dar su nivel y el equipo lo acusa. Pero esto tampoco explica un bajón tan exagerado en el rendimiento del equipo. También las lesiones fueron esgrimidas como posible causa, pero eso es algo que pasa en todos los clubs y que puede tener incidencia en un momento de la temporada, pero no en toda como ocurre en este caso. Otra causa que se esgrime es la baja forma de jugadores que la temporada anterior fueron claves como Aimar del que hace mucho que no se celebra un buen partido en tierras mañas.

Como suele ocurrir en estos casos el problema hay que buscarlo en el interior del grupo. Cuando la sintonía no es buena y comienzan los malos resultados las chispas prenden y acaban por dividir al vestuario. Fue lo ocurrió entre Aimar y D’alessandro, los dos argentinos estaban enfrentados estando a punto de llegar a las manos en un entrenamiento. Víctor Fernández tomó partido por Aimar y acabó peleado con el díscolo “Cabezón”. Cuando surgen estos problemas dentro de la plantilla es donde se ven a los buenos entrenadores, además de la táctica los técnicos grandes tienen que saber llevar a un grupo humano formado por jóvenes millonarios, esa es, quizás, su labor más importante. Con la cuerda tan tensada el Consejo de Administración presidido por Eduardo Bandrés también tendría que actuar, desde fuera da la impresión de que tanto unos como otros no gestionaron bien el problema y acabó estallándoles en la cara. El entrenador fue cesado y al poco tiempo D’Alessandro se fue al San Lorenzo de Almagro, donde tampoco ha comenzado con muy buen pie.

Muy mal tenía que estar la situación para que Ander Garitano durara sólo unos días y dimitiera, pese a vencer al Real Murcia por 3-1, renunciando al sueño de cualquier entrenador como es dirigir a un club de primera división. Algo muy raro y gordo tuvo que ver el técnico vasco para irse así. Irureta aguantó más pero al final también se fue él, nadie le mostró la puerta, y ya es raro que dimita un entrenador como para que lo hagan dos en pocos meses.

Tendrán que espabilar y rápidos los jugadores si quieren sacar el barco adelante y no caer en el pozo de la segunda división. Ejemplos hay de sobra de clubs que realizaron grandes temporadas, entrando en la Liga de Campeones (Celta o Betis) y que acabaron la siguiente temporada con sus huesos en segunda división, caso de los celestes, o a las puertas de la misma como los verdiblancos.

Una vez se demuestra que la solución fácil, destituir al entrenador, aunque la temporada anterior te haya llevado a lo más alto, casi nunca es la solución. Pero, claro, eso es más fácil que buscar los problemas y ponerles remedio antes de que sigan creciendo y acaben por devorar lo bueno que se había plantado.

Vía | Marca

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