10 mayo 2010 Deportistas, Tenis

Roger Federer

Roger Federer, número 1 del ranking ATP, ya está en España para disputar el Masters de Madrid, torneo en el que ganó el año pasado a Rafa Nadal y a partir del cuál se produjo un ascenso en su juego con triunfo en Roland Garros y Wimbledon.

Antes de entrar en juego, el suizo ha concedido una amplia entrevista en la analiza su estado de forma, los problemas que tuvo en el pasado con la mononucleosis que le fue detectada y los cambios en su vida personal con el nacimiento de sus hijas.

En la entrevista, Federer toca puntos técnicos muy interesantes como su juego sobre tierra batida y los cambios que tuvo que hacer para adaptar su tenis a esta superficie en la que Rafa Nadal es el gran especialista. La buena relación entre los dos jugadores más dominantes de los últimos tiempos sigue siendo buena, y Federer no pierde la oportunidad para lanzar más halagos a Rafa.

Por el momento, la temporada de Federer no está siendo demasiado exitosa. El suizo llega a Madrid tras perder esta semana en Estoril ante Albert Montañes. Además, también ha caído a las primeras de cambio en torneos como el de Roma y tampoco alcanzó las rondas importantes en los Masters 1000 más favorables para él como los de Miami ante Berdych o Indian Wells.

A continuación os dejamos con la entrevista del crack suizo:

Pregunta. El número uno, que también es padre, enferma con una infección pulmonar, como le pasó a usted tras el Abierto de Australia. ¿Qué pasa entonces?

Respuesta. Las niñas no se sentían bien cuando volvimos de Australia. Los seis primeros meses habían sido fantásticos: los pasaron volando alrededor del mundo. Luego, cuando volvimos hacia el frío, empezaron con una infección de oído y luego con los dientes. ¡Chillaban durante toda la noche! Quizás tuvieran el virus. Fue duro para la familia. La primera en coger la infección fue Mirka (su esposa): estuvo tres días en el hospital. Luego, yo empecé a sentirme mal. Paré de entrenarme y aquello sólo empeoró y empeoró. Fui a que me examinaran y vieron que yo también tenía los pulmones infectados. Tuve que ir un par de veces al hospital, porque me sentía terriblemente mal. Ahora me siento bien.

P. ¿Tuvo algo que ver con la mononucleosis de hace dos años?

R. No. No me preocupé tanto. Sólo esperé a que el examen del pulmón no arrojara el resultado de que tenía algo realmente malo. Va de bronquitis a la infección y luego a la embolia. Yo estaba en el segundo paso. La salud va antes que los torneos. No me preocupé tanto como con la mono. Fue más fácil mentalmente.

P. Tras sus enfermedades ha tenido malos resultados. Nunca le ocurre en los grandes.

R. Unos son un esprint a meta. Los grandes, una maratón. Te preparas de una forma diferente.

P. Ahora es padre. ¿Qué ha descubierto de sí mismo?

R. Que no soy un padre tan malo. Estaba un poco nervioso, como cuando fui a examinarme del carnet de conducir. Siempre pensé que sería un conductor terrible. Me asustaba. Ahora, me gusta conducir, igual que ser padre. Estaba demasiado preocupado. ¿Una cosa que he descubierto de mí? Que puedes querer más a tus hijos que a nada en este mundo. Al principio es raro: de repente, le das a dos criaturas un nombre y se supone que les tienes que querer sin fin. ¡Pero al principio no las conoces! Así que es extraño durante la primera semana. Luego, te das cuenta de que es lo mejor del mundo.

P. ¿Y el anillo de casado?

R. ¡No tengo! Me lo pondré cuando me retire. Mirka lo comprendió. ¡Lo importante era que ella tuviera un anillo bonito!

P. Lloró tras perder con Nadal la final de Australia 2009 y al ganar ese mismo año Roland Garros ante Robin Soderling.

R. Es bonito llevarme a la gente conmigo y mis emociones. Prefiero hacerlo así que solo. Puedo volver a esos momentos, están documentados. Soy afortunado porque esos sentimientos me florecieran bajo el ojo público. No lo puedo controlar. Quizás me podría esconder bajo una toalla… ¡Pero no hay toallas en las que llorar durante la ceremonia de trofeos! Y no quedaría bonito (bromea). Hubo un tiempo en el que lloré mucho. Había razones detrás de ello. Ahora, estoy contento de que haya ocurrido bajo el ojo público.

P. “Me siento más hombre”, dijo tras ganar su primer Roland Garros en su cuarta final seguida.

R. ¿Por qué la tierra no ha sido tan fácil para mí como el resto de superficies? ¿Por qué no he sido tan dominante? Porque en el resto de superficies puedo hacer mi juego sin pensar. Todo ocurre de forma natural: puedo pasar de la defensa al ataque cuando quiero y como quiero. En tierra no necesitas tener una volea o un saque. Sólo necesitas piernas, una derecha y un revés increíbles, y correr a por todas. No le estoy quitando nada a Rafa: lo ha conseguido todo en otras superficies. Pero en tierra te puedes escapar, puedes competir, con muchos problemas en tu juego. No quiero decir que sea simple, pero sí demasiado fácil. Debí aprender a controlar mi agresión. Me encanta terminar los puntos rápidamente, con un par de tiros. En tierra, puedes hacerlo en el 50% de los puntos, pero si tomas demasiados riesgos estás dando el otro 50%. Tuve que aprender a jugar desde muy atrás y a usar los ángulos. Fue una lección de geometría. En tierra puedes jugar bien y perder. Tienes que jugar inteligentemente.

P. ¿Un segundo título en Roland Garros tendría otro sabor ganándole a Nadal?

R. Obviamente. Ningún grande sabrá igual que mi primer Roland Garros. Es el que estaba buscando, el grande que perseguía, el título para el que me preparaba casi en secreto. Hacía pretemporadas en febrero para estar preparado para jugar las semifinales de Roland Garros en mayo. Siempre supe que podía hacerlo, pero lograrlo realmente, llegar hasta el final, es una satisfacción increíble. Siempre esperé que ocurriera ganándole a Rafa, pero no puedes elegir quién está al otro lado de la red. Seguimos teniendo carreras largas por delante. Espero que tengamos más oportunidades de jugar en la Philippe Chatrier.

P. Habla como si el futuro estuviera marcado.

R. Cuando Agassi me dio el trofeo de Roland Garros, me dijo: “Te lo mereces. Es el destino”. Pensé: “Es verdad”. Sentí lo mismo. Después de haber entregado tantas cosas de mí mismo durante tantos años en París… Mire, por mucho que haya gente que lo diga, yo nunca pensé que mi problema fuera la tierra. Mi problema era Rafa. El tío es increíble. Hay quien no quiere creerlo, pero esa es la verdad, desgraciadamente para una gran generación de jugadores de tierra. Así que para mí fue como si el destino viniera a buscarme. Ser capaz de manejar la presión, creer cada año que podía ganar pese a que Rafa luego destruía mis sueños, fue clave, mi mayor fortaleza. Puedes desmoralizarte muy rápido. El momento de la derrota te golpea extremadamente fuerte. Siempre creí que podría mejorar. Por eso creo en el destino.

P. ¿Y en Wimbledon 2009? Rompió el récord de 14 grandes de Pete Sampras con él delante.

R. El guión perfecto, con un final feliz de Hollywood. Fue especial por una cosa sobre cualquier otra: venía de una derrota durísima contra Rafa el año anterior. Y me decía: “tío, estuve tan cerca que ahora me toca volver a tener la suerte de mi parte”. Ocurrió.

Vía | El País

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  1. Bitacoras.com 10 mayo 2010

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