
El 11 de julio de 2010 el mundo se paralizó un instante, esos precisos segundos que tardó Andrés Iniesta en golpear el balón y superar al portero holandés Sketelemburg. Justó después, todo estalló. España había ganado el Mundial de Sudáfrica, España era campeona del mundo por primera vez en su historia.
Nunca es fácil ganar un Mundial, y el camino de España hasta el título no iba a ser menos. Desde la derrota ante Suiza en el partido inaugural, pasando por las críticas a Sergio Busquets escogido como chivo expiatorio, el debate en la portería que Casillas calló tras el partido ante el Paraguay en cuartos, o el propio Howard Webb, un árbitro que se empeñó en complicarle la vida a la selección española precisamente en el momento más importante, la final.
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