15 febrero 2017 Fútbol

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El Barcelona sufrió anoche su derrota más humillante en la etapa dirigida por Luis Enrique con un 4-0 ante un Paris Saint Germain impoluto en muchas fases del juego. El cuadro catalán mostró sus carencias en el peor momento de la temporada, cimentadas en un bajón físico considerable y una falta de respuesta desde el banquillo.
Se ha hablado mucho de la diferencia de actitud y mentalidad como un factor clave en la debacle del FC Barcelona anoche en París pero no debe desmerecerse la labor táctica de Unai Emery como elemento fundamental en el “por qué” y el “cómo” la mayor concentración y preparación física de sus jugadores fue tan abismal con respecto a la del contrario.

Los dos entrenadores pusieron sobre el verde un 4-3-3 con ciertas variaciones. Luis Enrique sacó su clásico 4-3-3 con Iniesta y André Gomes como interiores y Sergio Busquets como pivote, mientras que el PSG colocó a Rabiot, Verrati y Matuidi en la medular de manera mucho más estrecha que su rival. Así, Emery conseguí sobrepoblar el espacio de Busquets, impidiendole ser partícipe de la salida de balón blaugrana para cortar el desarrollo ofensivo desde atrás del cuadro visitante. Esto venía posibilitado por dos factores: el mayor recorrido de Verrati y Matuidi, que podían cubrir tanto la zona central como las bandas sin dejar demasiados espacios gracias a la perfecta basculación y coordinación de los tres medios, y la predisposición de Draxler y Di Maria a defender las bandas. Teniendo en cuenta el estado físico de Andrés Iniesta y la poca participación de André Gomes, Emery conseguía partir al Barça en tronco y cabeza, alejando a la MSN de cualquier posibilidad de combinación.
El técnico vasco obligaba a que si el Barcelona quería ganar el partido tenía que ser a través de los laterales y la superioridad de los interiores (puntos claramente débiles del Barcelona) frente a los tres mediocentros y las ayudas de los extremos. El partido había empezado a ganarse.

Además en fase ofensiva también aparecía un plan claro por parte de los parisinos. Ante la pasividad defensiva de los tres atacantes culés, el toque rápido tenia como finalidad abrir espacios para poder empezar a jugar en campo contrario lo antes posible, por lo que una pérdida nunca sería tan dramática ya que permitía presionar muy arriba y forzar errores.

5 minutos le duró al cuadro dirigido por Luis Enrique la igualdad física puesto que en los primeros balones divididos empezaba a verse la clara diferencia entre equipos. Vemos, por ejemplo, cómo a este balón despejado por Piqué llegaría antes Rabiot que Busquets.

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La primera jugada de claro peligro del PSG llega a través de esa desidia en el marcaje que fue acrecentándose conforme pasaban los minutos. En el inicio, Suárez es incapaz de intentar presionar a Rabiot mientras que Busquets y André Gomes están más preocupados de Matuidi que del pase sencillo que le están dejando a Draxler.

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Pero es que además absolutamente nadie sigue al 25 durante la jugada. Ni André Gomes, el interior de ese lado, ni Busquets, pivote defensivo ponen siquiera sus ojos sobre el jugador francés que va desplegándose poco a poco.

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Matuidi efectuará un desmarque en profundidad con un ligero cambio de dirección hacia el centro, dejando a Pique corriendo de espaldas al balón y permitiendo un pase al hueco de un Rabiot que no encuentra oposición. La ocasión acaba con una intervención de mérito de Ter Stegen, pero podemos ver cómo si Di Maria se hubiera incorporado por el centro, ante la pasividad esta vez de Iniesta, las posibilidades de anotar se dispararían

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Con el gol del argentino Luis Enrique estiró a su equipo buscando pases más verticales para conectar rápidamente con Messi y Neymar en busca de asociaciones que generaran peligro y adelantando la linea medular para presionar más arriba en la salida del PSG. Esto tuvo dos consecuencias inmediatas y perjudiciales para los intereses visitantes: En primer lugar el PSG recuperó muchos más balones ante las imprecisiones de un Barcelona que no está acostumbrado a jugar de esa manera, pero es que además, la poca capacidad para retroceder de los mediocampistas visitantes permitía que los franceses tuvieran verdaderas autopistas para correr en tres cuartos de cancha rival.

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Así en el gol de Drexler el Barcelona solo tiene 3 jugadores entre su portería y el esférico, posibilitando dos desmarques al espacio, uno del propio jugador alemán y otro de Di Maria.

Como comentaba Luis Enrique en un enfado con un periodista de TV3, tras el descanso se modificó la formación a un 4-2-3-1 con Messi en el centro y André Gomes como extremo derecho para intentar dar más participación al argentino.

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Desde luego, Leo intentó bajar en alguna ocasión para recibir, pero ni era su día ni los jugadores eran los adecuados para tal formación. Los huecos en la espalda de Inieste fueron rápidamente aprovechados por el PSG y André Gomes terminó de diluirse en la derecha dejando como única espada a Neymar en la izquierda.

Sin cambio en la mentalidad, es decir, continuando el balón directo a los atacantes y la presión alta, el Barça adoleció los mismos problemas que en los primeros 45 minutos, permitiendo la sangría que ejerció el cuadro de Emery, incidiendo siempre en los mismos problemas.
Así, mientras en el tercer gol vemos como Busquets e Iniesta están a más de 15 metros de la acción (solo defiende André Gomes y la zaga)…
tercergol

en el cuarto Meunier recorre 60 metros sin oposición ante la mirada de un Iniesta fatigado que poco puede más que trotar.

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Aun queda la vuelta y está claro que en el fútbol todo es posible, pero con deficiencias tácticas tan importantes y la baja forma física e intensidad mostrada por jugadores capitales en este FC Barcelona se antoja complicado ver a los de Luis Enrique en cuartos.

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