7 marzo 2008 Deportistas, Fútbol

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Después de la calamitosa temporada pasada del Bayern de Munich, quedando fuera de la Champions League, el hábitat natural de los bávaros, teniendo que conformarse con disputar la Copa de la Uefa esta temporada, necesitaban un golpe de timón que enderezara la nave. Sus dirigentes decidieron tirar la casa por la ventana y reforzar al equipo para no volver a verse en tan humillante situación. Se reforzaron en todas sus líneas, siendo los que más ilusionaron a su decepcionada afición el trío mágico formado por Miroslav Klose, figura de su máximo rival el Werder Bremen, el delantero italiano Luca Toni procedente de la Fiorentina y Frank Ribery procedente del Olympique de Marsella por el que pagaron la nada despreciable cifra de 25 millones de euros.

El nuevo Bayern de Munich tiene que ganar títulos y devolver a los muniqueses a la élite europea. Por ahora van por el buen camino, líderes en la Bundesliga con cuatro puntos de ventaja sobre el Werder Bremen, semifinalistas de la copa y practicamente con los dos pies en los cuartos de final de la Copa de la Uefa, donde están demostrando su poderío con goleadas como la de ayer ante el Anderlecht al que barrieron en Bruselas por 0-5.

La afición está eufórica y ya sueñan con una reedición del mítico equipo de los 70 que arrabasa en Europa de la mano de genios como Maier, Beckenbauer o Muller. No sabemos si llegarán a tanto, pero están recuperando el terreno perdido la temporada pasada y comienzan a mostrar todas sus posibilidades. Los hinchas ya han comenzado a mostrar su admiración por los nuevos jugadores que, quizás, pronto serán sus nuevos ídolos. El que lleva la delantera es el francés Frank Ribery.

Su aspecto, unas enormes cicatrices surcan su rostro debido a un accidente de automóvil cuando sólo tenía dos años, para bien o para mal ya lo convierten en un jugador distinto. Si a ello unimos una biografía marcada por una infancia y una adolescia muy difícil, donde, practicamente, se crió en la calle, tenemos el prototipo de persona salvada por el fútbol. El balón le devolvió la vida y sabe agradecerselo. Su velocidad y desborde por el carril derecho del Allianz Arena devuelven la ilusión a la hinchada del Bayern, donde Ribery ya se está haciendo un hueco en su corazón.

Los comienzos futbolísticos de Ribery fueron tormentosos. Comenzó en el Boulogne-sur-Mer, y después cada temporada suponía un cambio de club, el talentoso y conflictivo jugador no conseguía asentarse en ningún lado. Pasó por el Alés, Brest, Metz y Galatasary. La aventura turca no salió bien y regresó a Francia en el 2005 para jugar en el Olympique de Marsella. Aquí encontró su sitio, se asentó y ya se vio definitivamente al gran Ribery que se vislumbraba anteriormente, llegándole la llamada de la selección absoluta de la mano de Domenech para el pasado mundial de Alemania, donde se proclamó subcampeón del mundo, siendo uno de los verdugos de España en los octavos de final al conseguir el gol que le daba el empate momentáneo a los franceses.

Muchos quieren ver en él un sucesor de Zidane, nos parece excesivo. Es un grandísimo jugador que todavía puede dar mucho más de si, tan sólo tiene 24 años, porque tiene desborde, velocidad, lucha y un carácter ganador forjado en su difícil infancia, pero no tiene las características de Zidane, es otro tipo de jugador, también genial pero con otro estilo, que dará grandes días de gloria a su club y a la selección francesa.

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