14 septiembre 2015 Baloncesto

Moses Malone guió a los Sixers al título en 1983

La NBA llora estos días la pérdida de uno de los mejores jugadores de toda su historia: Moses Malone. Fue en el año 1996, justo el siguiente al retirarse, cuando fue designado como uno de los 50 mejores jugadores de la NBA de todos los tiempos este pívot que tuvo una longeva carrera deportiva, jugando principalmente para Rockets y Sixers.

El jugador nacido en Virginia y que no comenzó a jugar hasta los 13 años fue el primero que se saltó el paso por la universidad para aterrizar en la NBA. Malone pasó del instituto a la ABA y de ahí a la NBA, después de demostrar que sin ser el más alto o sin ser el más fuerte, pocos jugadores dominaban el arte del rebote como él.

Los Braves (la franquicia que derivó en los actuales Clippers) lo traspasaron a los pocos partidos a los Rockets y tardaron poco en arrepentirse, porque menos tardó Malone en erigirse como el líder del equipo. De hecho, su dorsal ’24’ es uno de los que luce en el techo del Toyota Center junto a la de su heredero: Hakeem Olajuwon.

Tras ganar dos MVP con los Rockets (1979 y 1982) se fue a los Sixers en busca de lo que le faltaba: el anillo. Malone fue la guinda perfecta a un equipo ya con suficientes estrellas, liderado por el Dóctor J, pero que necesitaban algo más para conseguir el título de la NBA. Ese algo más fue el pívot de Virginia, MVP de la temporada y MVP de las finales.

Tras los Sixers, Malone comenzó una rutilante carrera que le llevaría a jugar en los Washington Bullets, los Atlanta Hawks, los Milwaukee Bucks y los San Antonio Spurs, donde se retiraría definitivamente. A pesar del lógico declive por la edad, su media en total tras más de mil partidos en la NBA se ha mantenido por encima de los 20 puntos y 10 rebotes.

All Star en doce ocasiones y miembro del Hall of Fame, un paro cardíaco acabó con su vida cuando tenía sólo 60 años. Pero su legado seguirá vigente por mucho tiempo, siendo uno de los primeros en estadísticas históricas, como por ejemplo la de los rebotes ofensivos, donde probablemente nadie alcance sus más de seis mil capturas.

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