23 abril 2016 Fútbol americano

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Ya nadie se mete en hipotecas.

Con la crisis que azota el primer mundo pocas personas se atreverían a entrar en deuda con una entidad financiera. Es mejor alquilar un piso que tu sueldo pueda pagar, un coche de segunda mano, unas vacaciones en el pueblo vecino.

Pero somos codiciosos, y nos encanta entrar en ese juego de prestar y devolver. Esa casa en la playa puede amortizarse sola, el viaje a Nueva York no puede esperar más o ya son demasiados años viviendo con las cuentas inalteradas como para no darse un capricho. Sin embargo, hay veces que la línea que divide la frivolidad de la necesidad es apenas perceptible, o peor aun lo que se está dispuesto a pagar.

Porque no nos engañemos, hipotecarse no es más que luchar contra el tiempo, intentar conseguir lo no alcanzable a costa de aumentar el tiempo que realmente sería necesario, perder un poco de futuro para ganar algo de presente. Es por ello que si se entra en este círculo, que sea por un motivo suficientemente poderoso, no por una incógnita o por un “lo que pase, pasará”.

Por eso nunca entenderé a los Philadelphia Eagles.

Podría comprender que hicieran lo que han hecho en 2015 para conseguir a Jameis Winston o Marcus Mariota o que esperaran un año y escalaran en el draft por el prometedor Deshaun Watson. Incluso podría imaginar un futuro cercano donde Josh Rosen, el QB emergente de UCLA, llame la atención de la ciudad del amor fraternal en 2018. Pero en este año, donde la calidad general del draft ha decaído con respecto a temporadas anteriores y la clase de los quarterbacks queda corta y mediocre es complicado entender cómo Howie Roseman ha dado el pick 8, la tercera y cuarta ronda de este año, la primera ronda de 2017 y la segunda de 2018 por “nosesabequé”

Y es que hacer un análisis criticando a los Eagles sin saber qué van a escoger en el draft es un ejercicio temerario de astrología y dotes premonitorias inexistentes que podrían ser objeto de burla en un futuro no muy lejano.  Así que primero asumamos que los Eagles van a ir a por un QB.

En los últimos días han salido muchas teorías acerca de la posibilidad de subir hasta ese pick 2 para coger a Ezekiel Elliott o Jalen Ramsey pero la realidad es que, aunque estos dos jugadores quizá son los que más talento puro tienen del draft, su valor posicional hace que dar tal cantidad de rondas para llegar hasta ellos sea una locura.

Elliott es uno de los mejores prospectos como RB que ha llegado en los últimos años, un jugador de un impacto inmediato similar al de Todd Gurley el año pasado, pero los corredores cada vez están más devaluados en la liga y sus problemas de carácter al final de la temporada universitaria al cuestionar las decisiones del HC de Ohio State hacen que ese precio sea demasiado caro. Algo similar pasa con Ramsey, Safety por naturaleza que intenta subir su stock tras un año como cornerback. El de FSU es capaz de cambiar partidos desde la defensa pero en principio el fichaje de Mcleod debería anular esa posibilidad, y jugadores como Bosa, Tunsil, Hargreaves o Myles Jack han perdido publicidad durante las últimas semanas.

Así, la cosa queda entre Jared Goff y Carson Wentz, aunque Philly no tendrá capacidad de elección. Ese es el punto más incomprensible de todo esto. Philadelphia ha dado tal cantidad de picks para subir hasta el número 2 cuando los Rams han hecho prácticamente lo mismo para llegar al 1. Es decir, a no ser que los astros se alineen y a Jeff Fisher se le ilumine una bombilla que haga que cambie de opinión y vaya a por Ramsey, los Eagles escogerán al QB que desechen los Rams.

Y ese jugador con gran probabilidad va a ser Carson Wentz.

Y, para el que escribe, Carson Wentz no vale dos primeras rondas y una segunda.

O no al menos de Philadelphia. Que se entienda bien, Wentz es un gran prospecto en los estándares americanos. Eso significa que mide lo ideal para un quarterback, que tiene un brazo como un cañón y que es capaz de correr y asfaltar defensas si es necesario. Sus características hacen que recuerde soberanamente al Cam Newton que salió de College pero es ahí mismo donde se establece la diferencia que, para el que escribe, hace que todo lo bueno que tiene Carson Wentz quede en duda. Newton viene de Auburn, Wentz de North Dakota State.

La flamante universidad de North Dakota State ha sido campeona durante 5 años consecutivos, un hito histórico de la NCAA, pero lo ha sido de lo que en Europa llamaríamos una segunda división. Es decir, Carson Wentz nunca se ha enfrentado a un tipo de 150 kilos de músculo que es capaz de correr más rápido que un running back medio cuyo único objetivo es moverle algún hueso de sitio. Nunca ha tenido los ojos de un LB top prospect entrenado por Nick Saban puesto encima, cubriendo todas las rutas intermedias. Nunca ha tenido un DB con el cuerpo de un Linebacker y la velocidad de un WR dejando a sus receptores secos.

Seré sincero, en ningún momento he estado siguiendo la temporada de Wentz o su etapa universitaria más allá de los partidos compactos por el campeonato pero, y aunque sea un ejercicio de prepotencia decirlo y probablemente el tiempo me quite la razón, se puede ver qué es Carson Wentz y a qué se ha estado enfrentando solo con un video de highlights.
Cualquier recopilación de youtube muestra el QB de NDSU mandando bombas que acaban en TD de más de 35 yardas o corriendo como un jabato sin que nadie lo pare. Pero, ¿y si alejamos la vista del balón?. Cuando uno mira a cada lado de la línea qué rodea a Wentz es complicado no pensar que quizá unos son muy buenos y otros muy malos.
Por cada bomba teledirigida a un receptor es necesario decir que no hay rastro de cornerback, bien  porque el WR lo ha quemado sin compasión o porque el nivel en FCS no da para seguir rutas cruzadas. Cada vez que el realizador nos enseña las habilidades escapistas del QB se me hace dificil no ver a un defensa que no ha llamado la atención de ni una sola universidad potente en el panorama universitario, y cómo decía Colin Cowherd hace unas semanas en su programa de radio en la FOX “estamos hablando de un QB que jugaba en la Alabama de la FCS, que ya ganaba campeonatos antes de que él apareciera”
Si bien es cierto que parece que las intenciones de Philly pasan por dejar a Wentz durante unos años en el banquillo, ¿hacía falta tanto sacrificio?. Los Eagles renovaron a Sam Bradford en la free agency por dos años con 26 millones de dólares garantizados para, lo que parecía, tener durante ese tiempo a Chase Daniels bajo tutela, alguien en quien Doug Pederson parecía tener bastante confianza tras su tiempo juntos en Kansas City.

Ahora, los Eagles probablemente aparecerán el próximo septiembre con 3 Qbs bajo contrato y una infinidad de picks menos, situación cuanto menos curiosa en un equipo que necesita reparar demasiadas líneas como para andar invirtiendo tanto en una que , a priori, parecía cubierta.

La era Pederson en Philadelphia empieza convulsa y con sensaciones contradictorias en el seno de una afición ya de por si enormemente crítica, sin jugador al que adorar y con la sensación de que la gerencia ha ido buscando una casa en la playa donde solo había un apartamento en el extrarradio.

 

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