La alimentación y el rendimiento deportivo en actividades de resistencia están estrechamente conectados: lo que comes antes, durante y después de un esfuerzo prolongado determina la disponibilidad de energía, la eficiencia del trabajo muscular y la capacidad de recuperación. Una nutrición adecuada optimiza el glicógeno, mantiene el equilibrio hídrico y electrolítico, y favorece la reparación tisular, mientras que una mala estrategia puede reducir el rendimiento y aumentar el riesgo de lesiones o fatiga crónica.
La hidratación es clave para la salud y el rendimiento deportivo porque mantiene el volumen sanguíneo, regula la temperatura corporal y facilita el transporte de nutrientes y la eliminación de desechos; sin un equilibrio hídrico adecuado, el cuerpo funciona peor y la capacidad para entrenar o rendir se reduce.