Controlar la ansiedad a través de hábitos saludables de vida y ejercicio físico es posible combinando actividad física regular, sueño reparador, alimentación equilibrada y prácticas de regulación emocional; estas medidas reducen la activación fisiológica (adrenalina y cortisol) y aumentan el bienestar general, aunque no sustituyen la valoración médica cuando la sintomatología es intensa o persistente.