15 junio 2013 Baloncesto, Opinión

Burgos-Ascenso-ACB

En la noche del viernes justo cuando acababa de finalizar el tercer duelo de la final ACB entre Real Madrid y Regal Barcelona, la ACB colgó un comunicado en su web que afectaba a dos equipos mucho menos poderosos. Se trataba de Ford Burgos y Lucentum Alicante a los que se le había agotado el plazo para presentar su aval de inscripción en la ACB y que, por tanto, perdían el derecho a jugar en la máxima competición del baloncesto nacional a pesar de haberlo ganado en la pista.

La situación no es nueva y ha ocurrido otras veces, la pasada temporada sin ir más lejos permitiendo a Estudiantes seguir en ACB. La ACB tiene requisitos estrictos y solicita un aval de 3 millones de euros, cifra complicada de conseguir en ciudades pequeñas y más en esta época de crisis. La reglas del juego son así pero estas situaciones nos invitan a muchos aficionados a reflexionar sobre la competición que vivimos cada fin de semana, ficticia e irreal en muchos casos.

Seguro que muchos piensan de otra forma, pero personalmente creo que este tipo de situaciones juegan con la ilusión, sufrimiento, tiempo y dinero de los aficionados y eso puede pasar factura en forma de personas que reniegan del basket. Para ilustrar el razonamiento me fijo en dos ciudades cercanas en las que se vivió esta situación, Murcia y Alicante y una de ellas vivida en directo. En 2012 el CB Murcia se jugaba su plaza en la ACB con Estudiantes. Ambos clubes y sus aficionados se movilizaron, compraron sus entradas para llenar los pabellones en los últimos partidos de la regular, sufrieron al borde del infarto en cada encuentro, viajaron a los desplazamientos del equipo para apoyar a su equipo, lloraron de pena cuando Estudiantes descendió y de alegría cuando Murcia se mantuvo pero…¿para qué sirvió todo aquello? Pues para bastante poco porque de nuevo los equipos Adecco no pudieron subir y Estudiantes mantuvo su plaza ACB.

La situación en este 2013 ha sido similar en Alicante y Burgos por el ascenso y en San Sebastián y Manresa por evitar el descenso. Miles de aficionados que invierten su tiempo, dinero e ilusiones en formar parte de algo que, a la postre, resulta ser ficticio porque factores externos impiden que se cumpla lo que dictó el juego y la cancha.

Por supuesto no hay nada en contra de todos los equipos que de forma positiva o negativa se han visto envueltos en esta situación, pero creo que sería adecuado que los aficionados supieran las reglas del juego que van a ver y que probablemente el final no sea el que ven en la pista. El baloncesto en esas pistas seguiría teniendo tirón aunque solo fuera por el placer de verlo jugar sin ascensos o descensos de por medio, pero nadie se sentiría engañado por haber sido extra de una película que tuvo un final distinto al que se había rodado.

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