15 octubre 2012 Otros

Baumgartner saluda feliz poco después de pisar tierra

Como si de la final de un Mundial de fútbol se tratase, como si fuera una carrera de Usain Bolt o de Michael Phelps, millones de personas se plantaron frente al televisor para ver el salto del austriaco Felix Baumgartner. Un salto que se retransmitió en directo por 150 cadenas de televisión de todo el mundo, que se pudo ver en YouTube, que batió récords de seguimiento en las redes sociales …

Baumgartner convirtió algo aparentemente sencillo como fue asomarse al borde y dejarse caer al vacío en un acontecimiento de nivel mundial. Sea deporte o no, algo que se discute a estas horas, este hombre consiguió tener frente a una pantalla a millones de personas durante un largo ascenso de más de dos horas y durante media hora aproximadamente de preparación para el salto, en una especie de misión espacial, aunque sin llegar al espacio.

El globo de helio que llevaba la cápsula donde viajaba Baumgartner ascendió más allá de los 39 mil metros, algo más de los 36 mil que tenía pensado alcanzar el saltador austriaco de 43 años. Abajo, en tierra, Joe Kittinger le daba las últimas instrucciones antes del salto que iba a dejarle precisamente sin parte de los récords que este paracaidista nortermaericano logró en 1960, con muchos menos medios y mucha menos promoción, imagino, y quizá por ello más mérito.

Así que pasaron casi tres horas de ascenso, meses de pruebas y años cocinando este proyecto, para simplemente asomarse al borde y dejarse caer. Y es que así fue, Baumagartner, con el mundo ante sus pies y en unas imágenes fantásticas que todos disfrutamos, se asomó al borde, reconoció lo pequeño que se sentía en ese momento con Nuevo México a sus pies, y se lanzó. Le esperaban algo más de cuatro minutos de caída libre, en los que llegó a romper la barrera del sonido superando los mil cien kilómetros hora en la primera parte de su viaje.

Baumgartner rompía varios récords, menos el del tiempo de caída libre, que seguirá en poder de Kittinger. Pero poco importaba eso después de verlo caer alcanzado velocidades superiores a los mil kilómetros hora y verlo aterrizar tranquilamente, con los dos pies en el suelo, e incluso oírlo hablar durante el salto, como si no hubiera pasado nada. Si bien, luego declaró que todo fue mucho más difícil, a millones de personas aquello le pareció un juego de niños.

Una novela muy conocida de ciencia ficción nos deja como mensaje que la última barrera del hombre es la de su propio cuerpo, que puede imaginar y lograr cualquier reto pero siempre hasta un límite que no podrá superar por más que lo intente. Ayer Baumgartner, independientemente de los números y las marcas que aún están por revisar, pudo llevar ese límite un poco mas allá. No sé si rompió la barrera del sonido, no sé si rompió récords, pero llegó a hacer lo que ningún humano hizo antes, y el valor de eso no se puede medir.

Comentarios

1 comentario
  • Fue impresionante. Yo me asusté en la fase que estaba girando sin control, pensaba que se podía haber quedado sin conocimiento pero como él ha dicho, no quería morir delante de todo el mundo. También tremenda operación de marketing para Red Bull que habrá invertido millones en el reto pero que ha expuesto la marca durante semanas a millones de personas.

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