Te duele la cara externa del codo cada vez que sirves, agarras la raqueta con revés a una mano o incluso cuando levantas la cafetera por la mañana. No eres el único: el codo de tenista afecta a entre el 1% y el 3% de la población adulta, y hasta al 40-50% de los jugadores recreativos de tenis en algún momento de su vida (Shiri et al., American Journal of Epidemiology, 2006).
La alimentación y el rendimiento deportivo en actividades de resistencia están estrechamente conectados: lo que comes antes, durante y después de un esfuerzo prolongado determina la disponibilidad de energía, la eficiencia del trabajo muscular y la capacidad de recuperación. Una nutrición adecuada optimiza el glicógeno, mantiene el equilibrio hídrico y electrolítico, y favorece la reparación tisular, mientras que una mala estrategia puede reducir el rendimiento y aumentar el riesgo de lesiones o fatiga crónica.
La hidratación es clave para la salud y el rendimiento deportivo porque mantiene el volumen sanguíneo, regula la temperatura corporal y facilita el transporte de nutrientes y la eliminación de desechos; sin un equilibrio hídrico adecuado, el cuerpo funciona peor y la capacidad para entrenar o rendir se reduce.
La mejor manera de optimizar el bienestar físico es integrar de forma coherente la alimentación y ejercicio: comer suficiente energía y nutrientes antes y después del entrenamiento, mantener hidratación y descansar lo necesario favorece la energía, la recuperación y la prevención de lesiones sin necesidad de dietas extremas.
Sí: es posible reducir de forma sensible la probabilidad de sufrir lesiones si aplicas medidas sencillas y consistentes para prevenir lesiones comunes durante la práctica deportiva habitual, como calentar correctamente, progresar la carga, mantener técnica adecuada y respetar el descanso y la alimentación. Estas acciones no garantizan eliminar todo riesgo, pero sí disminuyen la carga sobre músculos, tendones y articulaciones y mejoran el bienestar general.