Sales de casa, tienes prisa, empiezas a correr directamente o coges la barra sin más. Todos lo hemos hecho. El problema es que la literatura científica lleva más de dos décadas repitiendo lo mismo: saltarte el calentamiento multiplica el riesgo de lesión y, además, empeora tu rendimiento en la primera parte del entrenamiento.
Llegas al kilómetro 25 de tu primer maratón y no sabes si beber en el próximo avituallamiento o saltártelo. Has oído que pasarse es tan malo como quedarse corto. Y es verdad: la hiponatremia por exceso de agua ha matado a más corredores populares en las últimas dos décadas que la deshidratación severa.
Si alguna vez has entrado en un foro de corredores, habrás visto la eterna discusión: ¿es mejor aterrizar con el talón, con el mediopié o con la punta? Hay quien jura que cambió de pisada y dejó de lesionarse. Otros probaron lo mismo y acabaron con una fascitis. La biomecánica no es tan blanca o negra.
Corres tres o cuatro días por semana, tus tiempos se han estancado y empiezas a notar molestias en rodillas o gemelos. Antes de meter más kilómetros, el cambio que más rinde suele ser otro: levantar peso de forma estructurada. No hablamos de hacerte culturista, hablamos de tres sesiones cortas que cambian cómo aguantas el ritmo en el kilómetro 30.