22 junio 2017 Efemérides, General

Los jugadores españoles acabaron desesperados por el arbitraje

El 22 de junio del año 2002, la Selección española de fútbol sufrió una de las derrotas más amargas e injustas de su historia después de caer en los cuartos de final del Mundial ante la anfitriona Corea.

El combinado nacional dirigido por José Antonio Camacho, tras superar en octavos a Irlanda en los penaltis, parecía que lo tenía todo de cara para superar por primera vez en su historia la barrera de cuartos. Pese al optimismo, había recelos ante la posibilidad de que se produjera un arbitraje parcial como el que había sufrido Italia ante los coreanos unos días antes, por lo que todas las miradas estaban puestas en el trío arbitral, encabezado por un desconocido colegiado egipcio de nombre Gamal Al-Ghandour que pasó a la historia negra de nuestro fútbol.

España fue superior en todo momento en juego y también en goles, anotando dos tantos legales que no subieron al marcador ya que fueron anulados por el colegiado. El primero a Rubén Baraja por una supuesta falta y el segundo -en la prórroga- a Fernando Morientes, cuando el juez de línea consideró que el balón centrado por Joaquín había sobrepasado la línea de fondo, cuando la pelota estaba claramente dentro del campo sin llegar a tocar prácticamente la línea de cal. Además los linieres señalaron varios fueras de juego inexistentes cuando los atacantes españoles encaraban la portería asiática.

Con 0-0 se llegó a la tanda de penaltis y allí, como en un mal sueño de aquella mañana española, el desastre se completó con Corea anotando sus cinco lanzamientos y Joaquín fallando el suyo.

En esos momentos todos pensábamos con impotencia que la maldición de cuartos iba a ser eterna, pero cosas del fútbol, 8 años después en Sudáfrica, España no sólo iba a acabar con aquella maldición sino que se iba a proclamar campeona del Mundo.

En 2015, el diario italiano ‘Corriere dello Sport’ denunció amaños a favor de Corea del Sur en los partidos ante Italia y España.

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