Te duele la cara externa del codo cada vez que sirves, agarras la raqueta con revés a una mano o incluso cuando levantas la cafetera por la mañana. No eres el único: el codo de tenista afecta a entre el 1% y el 3% de la población adulta, y hasta al 40-50% de los jugadores recreativos de tenis en algún momento de su vida (Shiri et al., American Journal of Epidemiology, 2006).
Si nadas dos o tres veces por semana y empiezas a notar un pinchazo en la parte delantera del hombro justo cuando entras la mano en el agua, no lo ignores. Ese gesto lo repites unas 2.500 veces por hora nadando crol. Cualquier fallo técnico o desequilibrio muscular se paga en forma de tendón inflamado.
Llegas al kilómetro 25 de tu primer maratón y no sabes si beber en el próximo avituallamiento o saltártelo. Has oído que pasarse es tan malo como quedarse corto. Y es verdad: la hiponatremia por exceso de agua ha matado a más corredores populares en las últimas dos décadas que la deshidratación severa.
Te levantas por la mañana, apoyas el pie en el suelo y sientes una punzada en el talón que te obliga a cojear los primeros pasos. Si te suena, probablemente estés lidiando con una fascitis plantar. Es una de las lesiones más frecuentes en corredores aficionados y en personas que pasan muchas horas de pie, y también una de las que peor se trata: mucha crema antiinflamatoria, poca carga progresiva.
¿Te has parado a pensar por qué sigues estirando los isquios sentado en el suelo 30 segundos justo antes de salir a correr? Probablemente porque lo aprendiste así en el colegio. El problema es que la evidencia lleva más de una década diciendo que ese estiramiento, ahí, no te ayuda. Puede incluso restarte rendimiento.