Las cosas bien hechas pueden suplir la falta de talento

Las cosas bien hechas pueden suplir la falta de talento

Escrito por: efortes    30 junio 2009     Comentario     2 minutos

Estados Unidos, comandados por Bob Bradley, demostraron que en el fútbol moderno sigue habiendo hueco para la estrategia, para los buenos entrenadores y no sólo para fichajes multimillonarios. Antonio Tapia, ahora entrenador del Betis, es otro claro ejemplo.

Desde que en España se bautizase a nuestra liga como La Liga de las Estrellas muchos equipos mediocres ficharon jugadores extranjeros como si fueran mejores. Se destituyen entrenadores (y se cambian de equipo como si nada) y es necesario traer a alguien de fuera que “ilusione” a los aficionados. Este sistema basado en la importación de jugadores porque el aficionado quiere ver que el equipo es comandado por un internacional en su país ha hecho olvidar la labor importantísima de todo buen entrenador: jugar a fútbol.

Antonio Tapia en el Málaga planteó la cosa de manera simple con los recursos disponibles: 6 jugadores que defienden (los 4 defensas y los dos mediocentros) y que la pelota llegue arriba para que descartes de otros equipos (Duda, Luque, Adrián y Eliseu, con permiso de Nabil Baha) jueguen con ella y marquen gol. Solidez defensiva, libertad creativa total y buen ojo a la hora de conformar una plantilla. Y el resultado es claro, un recién ascendido coqueteando con UEFA y Champions.

Bob Bradley consigue con un equipo formado por jugadores malos técnicamente ordenarlos en el campo de manera que parecen la Italia del catenaccio. Dos líneas de 4 defendiendo y dos delanteros rápidos arriba que no dejan pasar una. Una defensa en zona en la cual las ayudas estaban muy bien trabajadas, y los defensas no se complican la vida. Contra España, Bradley tuvo la capacidad de forzar un poco la máquina en el centro del campo y anular en lo posible la creatividad española.

Se trata de usar tus recursos de la mejor manera posible. Los buenos entrenadores muchas veces no son reconocidos, y la exigencia de resultados inmediatos no ayuda a que se desarrolle un buen fútbol. Por todos esos buenos entrenadores, ¡olé!


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