10 octubre 2012 Ciclismo

Hincapie y otros gregarios de Armstrong testificarán en su contra

La carrera deportiva de Lance Armstrong y su imagen se siguen desmoronando día por día, minuto a minuto y segundo a segundo. Desde que la USADA anunció que iba a desenmascarar definitivamente al que todavía puede presumir de ser el hombre que más veces ha ganado el Tour de Francia ya se sabía que tarde o temprano iba a llegar este momento, el momento en el que la pelota pasara al tejado de la UCI.

Según la USADA, la UCI ya tiene en su poder un extenso documneto de más de mil páginas que desentrama todos los métodos de dopaje que utilizaba Lance Armstrong durante los años en los que ganó el Tour de Francia, bautizada por la propia USADA como “la mayor y más sotisficada trama de dopaje de la historia reciente del deporte”. Por supuesto, este informe incluye pruebas que se creen concluyentes.

La documentación contendría e-mails, pruebas de laboratorio y papeles que destaparían las vergüenzas de Lance Armstrong. Pero lo más llamativo es la confesión de 16 personas relacionadas con el entorno del ciclista, entre ellos, 11 ex compañeros, a saber: Frankie Andrew, Michael Barry, Tom Danielson, Tyler Hamilton, George Hincapie, Floyd Landis, Levi Leipheimer, Stephen Swart, Christian Vande Velde, Jonathan Baughters y David Zabriskie.

No deja de ser llamativo que todos estos ciclistas confiesen ahora que durante su etapa en el US Postal y Discovery Channel se sometieron al plan de dopaje de Lance Armstrong. Algunos fueron en su momento cazados, como Floyd Landis o Tyler Hamilton, cuando salieron del equipo. Otros son ciclistas en activo, como Hincapie, aunque este se retira este año, Leipheimer o Vande Velde, los cuales afirman que desde que se retiró Lance no han vuelto a doparse. Y hay que creerlos, a los que antes nos engañaban.

Independientemente de la veracidad de sus testimonios, pues lo de lo juzgarlos le toca a la UCI, lo que está fuera de toda duda es la falta de ética de estos ciclistas confesos. Primero por su credibilidad como personas, pues reconocen habernos mentido durante años y sacar un jugoso partido de ello creyendo que con eso basta, que con arrepentirse vale, y luego por lo que ganan, porque está claro que, salvo los que ya no tienen nada que perder como Landis o Hamilton, o los que buscan su minuto de gloria, los que confiensan ahora lo hacen para conseguir rebajas en sus sanciones, y no otra cosa.

De ahí que cazar a Armstrong, más que una cuestión de limpieza del deporte, se haga por otros intereses, algunos lejos de los deportivos. Ahora, la pelota ya está en poder de la UCI. Este organismo, sólo él, es el que tiene potestad para borrar de un plumazo el palmarés de Lance Armstrong y comenzar a repartir siete Tours de Francia entre una mayoría de ciclistas sospechosos también de no haber jugado limpio, como parece que no lo hacía casi nadie por entonces si nos atenemos a las confesiones de los arrepentidos.

Más bien se diría que, en lugar de limpiar, lo que están haciendo es mancharlo todo otra vez desempolvando ese ciclismo de principios de finales de siglo y principios del XXI. Ese ciclismo del que no queda otra que avergonzarse, del que no queda otra que huir y hasta olvidar si no se quiere perder la pasión por este deporte tan bonito.

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