Barcelona 92, Derek Redmond y el espíritu olímpico

Barcelona 92, Derek Redmond y el espíritu olímpico

Escrito por: Javi    23 octubre 2011     9 Comentarios     2 minutos

La historia siempre recuerda a los campeones, aunque también los que no ganan escriben páginas especiales en ella, y más en una competición tan mágica como los Juegos Olímpicos. Hoy me remonto hasta el año 1992 y las Olimpiadas de Barcelona, para daros a conocer, a los que no la conozcáis, o recordaros a los que la vivisteis, la historia de la última gran carrera de Derek Redmond.

Derek Redmond nació en 1965 en Gran Bretaña, y con sólo 20 años batió el record de Gran Bretaña de los 400 metros. Era por tanto un atleta prometedor aunque sufrió bastantes lesiones durante su carrera, y por eso, su palmarés no está bastante salpicado de medallas. Pero a pesar de todo, y de que aquel año 1992 no había sido nada bueno, Redmond llegaba a los Juegos Olímpicos en plena forma y era el gran favorito para el oro.


Había preparado la competición a conciencia, llegaba en un buen estado de forma, era su momento y lo demostró durante la primera serie y los cuartos de final, ganando con suficiencia sus series, pero Redmond no llegó a la final. El atleta británico fue descalificado en las semifinales ya que no terminó la carrera, aunque realmente Redmond sí termino esa carrera, llevándose una mayor ovación que los propios campeones de parte del público que había esa tarde en Montjuic.

Redmond partía desde la calle 5 para disputar la primera semifinal de los 400 metros lisos, pero a mitad de la primera recta, con unos 150 metros recorridos, el atleta británico se rompe definitivamente y no puede continuar. En cuclillas, piensa durante unos instantes que hacer, y decide seguir. La carrera ya ha terminado, pero él, a la pata coja prácticamente, sigue completando el recorrido. Varios comisarios intentan disuadirlo, pero no lo consiguen.

Así, antes de afrontar la última recta, un hombre salta de entre el público y evitando a los comisarios y la seguridad se acerca al atleta. Es Jim Redmond, su padre. El padre de Derek Redmond abraza a su hijo, que no puede evitar las lagrimas, y juntos completan los metros que faltan hasta cruzar la línea de meta ante un público que contempla en pie y emocionado una de las escenas más emotivas del mundo del deporte.

Durante la historia del Olimpismo y del deporte en general, hemos visto muchas veces personificados los valores que el Barón Pierre de Coubertin entendía que formaban parte del ideal olímpico. Sin ninguna duda, las imágenes que vais a ver a continuación que recogen la historia que os acabo de contar corresponden perfectamente a lo que se llamó espíritu olímpico.

http://www.youtube.com/watch?v=HFKpZnok10s


3 comentarios

  1. Fernando dice:

    Un buen ejemplo del espíritu olímpico, creo que hace un tiempo Informe Robinson estuvo con Redmon en su país y le trajeron de vuelta a Montjuic para que recordara el momento y contara lo que vivió.

  2. Héctor dice:

    Es verdad Fernando, vi ayer ese Informe Robinson y buscando información he llegado a esta pagina.
    Yo recordaba haber visto las imagenes pero no me acordaba del nombre de este atleta (yo solo tenia 12 años)

    Gran articulo y grande Redmon y su espíritu olímpico.

  3. Juan del Sur dice:

    Muy desafortunada la intrusión del padre.
    Derek conocía bien el daño que le podía causar seguir esforzando su pierna lastimada, pero estaba al fin de su carrera, y prefería perder ante sus rivales (no sería la primera vez), que rendirse ante el dolor.
    Está clarísimo que Derek habría terminado la carrera por sí mismo, aunque fuera arrastrándose. El padre podría haber saltado a la pista y caminado cerca de él, sin tocarlo, alentándolo y gritándole cuánto lo quería y lo admiraba. Pero, por incontinencia, o por deseo de protagonismo, se arrimó a “ayudarlo”, con lo cual desdibujó el esfuerzo y el sacrificio del hijo (los atletas compiten solos, sin sus padres, amigos o asistentes).

Deja un comentario

Parece que tienes habilitado AdBlock.

Te pedimos que lo deshabilites para
seguir disfrutando de contenido sin coste.