Si entrenas fuerza más de dos o tres días a la semana, tarde o temprano aparece la duda: "¿me estoy cargando la espalda?". A veces es un pinchazo en la última serie de peso muerto. Otras, una molestia sorda al día siguiente que no sabes de dónde viene. La zona lumbar aguanta mucho, pero también avisa cuando la técnica falla.
Te crujen al bajar escaleras. Te molestan después de correr 20 minutos. O simplemente notas que "no van finas" en las sentadillas. La rodilla es una articulación que se queja pronto cuando la musculatura que la rodea está infrautilizada, y la buena noticia es que responde muy bien al trabajo de fuerza bien pautado.
Llevas ocho horas frente a la pantalla, sales del trabajo, vas al gimnasio o a correr, y al día siguiente el cuello va tirando. No es casualidad. La cervicalgia por postura es una de las molestias más frecuentes en adultos que combinan trabajo sedentario con entrenamiento regular, y suele empeorar cuando metes carga en press de banca, dominadas o incluso al correr con los hombros tensos.
Te levantas por la mañana, apoyas el pie en el suelo y sientes una punzada en el talón que te obliga a cojear los primeros pasos. Si te suena, probablemente estés lidiando con una fascitis plantar. Es una de las lesiones más frecuentes en corredores aficionados y en personas que pasan muchas horas de pie, y también una de las que peor se trata: mucha crema antiinflamatoria, poca carga progresiva.