La duda lleva décadas dando vueltas en vestuarios y grupos de running: ¿estiro antes, después, o mejor no estiro? La respuesta corta, según la evidencia actualizada, es que depende del tipo de estiramiento y del momento. Y no, no vas a evitar todas las lesiones por estirar cinco minutos antes de correr.
Si corres tres o más días por semana, las probabilidades de lesionarte en los próximos 12 meses no son bajas. La revisión de Videbæk et al. (2015, Sports Medicine) sitúa la incidencia anual entre el 18% y el 79% según el perfil del corredor, con una media cercana al 40-50% en aficionados. La mayoría de esas lesiones no son traumáticas: son por sobreuso.
Sales de casa, tienes prisa, empiezas a correr directamente o coges la barra sin más. Todos lo hemos hecho. El problema es que la literatura científica lleva más de dos décadas repitiendo lo mismo: saltarte el calentamiento multiplica el riesgo de lesión y, además, empeora tu rendimiento en la primera parte del entrenamiento.
Si nadas dos o tres veces por semana y empiezas a notar un pinchazo en la parte delantera del hombro justo cuando entras la mano en el agua, no lo ignores. Ese gesto lo repites unas 2.500 veces por hora nadando crol. Cualquier fallo técnico o desequilibrio muscular se paga en forma de tendón inflamado.
¿Te has parado a pensar por qué sigues estirando los isquios sentado en el suelo 30 segundos justo antes de salir a correr? Probablemente porque lo aprendiste así en el colegio. El problema es que la evidencia lleva más de una década diciendo que ese estiramiento, ahí, no te ayuda. Puede incluso restarte rendimiento.
Levantas peso tres veces por semana, cuidas la técnica y de repente notas un pinchazo en el hombro al hacer press. No es rotura, no es "agujetas raras", pero llevas semanas así. Bienvenido al club: la tendinitis de hombro en el gym es una de las lesiones más frecuentes en gente que entrena por salud, no en atletas de élite.