Te dejas el pulsómetro en casa, sales a correr y piensas: "vaya, hoy toca ir a ciegas". No exactamente. Llevas décadas usando el mejor sensor disponible: tu propio cuerpo. El RPE (Rating of Perceived Exertion) es una forma validada de cuantificar cuánto te está costando un esfuerzo, sin cables ni watts.
Si entrenas fuerza más de dos o tres días a la semana, tarde o temprano aparece la duda: "¿me estoy cargando la espalda?". A veces es un pinchazo en la última serie de peso muerto. Otras, una molestia sorda al día siguiente que no sabes de dónde viene. La zona lumbar aguanta mucho, pero también avisa cuando la técnica falla.